20 ventanas al desplazamiento forzado en Chiapas; Miradas de la solidaridad y el acompañamiento


San Cristóbal de Las Casas, Chiapas
a 12 de enero 2015

El desplazamiento forzado en un contexto de guerra de contrainsurgencia para eliminar experiencias de organización autónoma es en Chiapas una cotidiana violación a derechos humanos. Grave porque conlleva diversas formas de despojo al territorio y la negación de los derechos colectivos de los pueblos indígenas, firmados por el Estado mexicano como compromisos de respeto en Convenios Internacionales que son letra muerta.

Según la Organización de las Naciones Unidas las desplazadas y desplazados son grupos de personas que son obligadas a huir de sus casas por motivos de un conflicto armado, para evitar situaciones de violencia generalizada, o por proyectos que deciden construir los gobiernos y las empresas sin que las ganancias retribuyan a la comunidad. Los Principios Rectores del Desplazamiento Interno establecen que la población en desplazamiento tiene derechos que deben ser preservados, de protección especialmente a las mujeres e infantes. Sin embargo, el gobierno de Chiapas ha sido ineficaz en garantizar los derechos de las y los desplazados que sobreviven en condiciones de vulneración, sin acceso a servicios de atención médica, vivienda ni alimentación adecuada y con riesgos a su integridad y seguridad personal.

Son las mismas familias en desplazamiento forzado, y sus redes de apoyo, quienes no cesan en su  caminar de dignidad en exigencia de retorno, justicia y verdad para que las violaciones a derechos humanos cometidas en su contra no queden en impunidad y los hechos no se repitan. La solidaridad internacional ha sido fundamental en la visibilización de estos rostros que persisten en la denuncia y van construyendo otras formas de justicia que nacen de la conciencia y la memoria colectiva.

Desde las imágenes del desplazamiento forzado en los campamentos en Chenalhó en los 90’s hasta las fotografías de la familia López Girón de Banavil, Tenejapa, Chiapas se desnuda la estrategia del Estado mexicano de discriminación y muerte pero también la fortaleza de las protagonistas de procesos  alternativos que tienen en su concepción de pertenencia a la madre tierra las semillas de vida que defienden.

20 miradas, espejos de encuentro, ventanas de convivencia e intercambio de experiencias durante días de incertidumbre y esperanza conforman la exposición fotográfica: familias desplazadas forzadas de Banavil, una acción de la campaña Rostros del Despojo. En un formato para irrumpir otros espacios, en tela texturizada para exteriores, de 50 por 38 centímetros, es una selección realizada y títulada por las propias familias desplazadas en un ejercicio de reconocimiento propio y un regreso de la solidaridad recibida por quienes además les brindaron seguridad en sus tres retornos provisionales en 2015 y hacia quienes han caminado con ellas durante más de cuatro años. Fotografías en su mayoría anónimas, nacidas de lentes de la observación internacional y el acompañamiento de medios libres.

El júbilo-tristeza de María en la visita a la niña Antonia muerta en desplazamiento forzado, las pequeñas manos de Petrona en el naranja resplandeciente de las flores en el patio familiar, la pertenencia de  Lorenzo en el chapeo de los terrenos, la comunalidad en el rezo para reconfortar los corazones, son piezas que dan testimonio de la reivindicación por el territorio y la vida. Las manos tejedoras de las mujeres, los retratos familiares incluyendo las ausencias, el contemplar la ciudad que les da cobijo y la incomparable capacidad de las niñas y niños por sonreir a pesar del desplazamiento recrean la capacidad de mantener la identidad a contracorriente de la discriminación y las rupturas comunitarias objetivo de la embestida contrainsurgente. Un recorrido también desde su refugio en desplazamiento hasta el encuentro con otras luchas como las del pueblo de Simojovel que les dice: No están solos.

20 son los rostros del desplazamiento forzado de la familia de Alonso López Luna desaparecido forzado desde el 4 de diciembre de 2011, en nombres que se repiten como tradición de no olvido: Alonso, Antonia, Petrona, Anita, María, Rosa, Miguel, Pedro, Lorenzo, Lucía; ellas y ellos en la defensa de sus derechos humanos han hecho florecer solidaridad con otras y otros, su palabra anda y cobija también otras historias de desplazamiento forzado en comunidades de Chiapas, como lo expresan en su pagǵ ina de Facebook: “Las familias desplazadas forzadas de Banavil nos solidarizamos con las familias desplazadas de Shulvo, Zinacantán y del poblado Primero de Agosto del Municipio de Las Margaritas otras desplazadas forzadas de chiapas.”

Así se camina la solidaridad, mirándonos, reconociéndonos…

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