Nos organizamos y construimos caminos para la vida: Pueblo Creyente


  

DIÓCESIS DE SAN CRISTÓBAL DE LAS CASAS

  

COMUNICADO DEL PUEBLO CREYENTE

  

 

 

A la opinión pública

  

A las diferentes creencias religiosas

  

A los gobiernos estatal y federal

  

A los medios de comunicación

  

A los hombres y mujeres que construyen la paz.

 

 

 

 

“… Cada generación ha de hacer suyas las luchas y los logros de las generaciones pasadas y llevarlas a metas más altas aún. Es el camino. El bien, como también el amor, la justicia y la solidaridad, no se alcanzan de una vez para siempre; han de ser conquistados cada día…” (Papa Francisco, Fratelli Tutti 11).

  

 

Hacemos de su conocimiento que el día de hoy 25 de enero, por motivo de la pandemia, no pudimos llevar a cabo nuestra peregrinación que cada año realizamos en esta fecha. Es por ello que estamos en el templo de María Auxiliadora, San Cristóbal de las Casas, con las medidas sanitarias de prevención correspondientes, celebrando la Eucaristía con la participación de las comisiones integradas por hermanas y hermanos de las diferentes zonas de nuestra diócesis.

  

 

Agradecemos al Dios de la vida por el 10 aniversario de la Pascua de jTatic Samuel y por el tercer año de caminar con nosotros y nosotras de nuestro hermano obispo Rodrigo Aguilar Martínez en nuestra diócesis de San Cristóbal, así como por el don del servicio de nuestro hermano Luis Manuel López Alfaro como obispo auxiliar.

 

 

 

Agradecemos, celebramos y honramos la vida, el testimonio de servicio y compromiso de cada mujer y cada hombre que han fallecido en esta pandemia, de nuestras hermanas agentes de animación y coordinacion pastoral, catequistas y diáconos de nuestra Diócesis y de nuestros hermanos obispos Pedro Casaldáliga y Arturo Lona, pastores de nuestra América Latina comprometidos con la liberación de los pueblos pobres.

  

 

Nos solidarizamos con el dolor profundo de muchas familias por la ausencia de sus seres queridos. Por lo cual invitamos a un momento de silencio para pedir fortaleza a Dios en medio del dolor.

  

 

La pandemia por el COVID 19 está poniendo a prueba a todo el sistema social, económico y político; a la sociedad entera y a cada una y cada uno de nosotras y nosotros.

  

Nuestros pueblos se enfrentan a injusticias por la forma que tienen de trabajar las instituciones de salud pública, de educación, de seguridad.

  

Existe una violación sistemática de los derechos fundamentales de las personas y de los pueblos.

  

A esto hay que añadir los duelos por las personas que fallecen y los problemas que se hacen más difíciles por el confinamiento que estamos pasando.

  

 

 

Entendemos que existe una crisis de salud, amplia y generalizada, por el COVID 19 y esto constituye un reto para todos y todas y también para los gobiernos.

  

 

 

La pandemia ha venido a mostrar con claridad la falta de hospitales, clínicas y atención médica, pública y privada: personal médico insuficiente, desabasto de medicamentos en los Centros Comunitarios de salud, estos centros en absoluta precariedad.

  

La misma actividad médica actual aumenta los problemas de salud al no tener el cuidado necesario de los plásticos, los desechos como envases, cubre bocas, guantes y trajes médicos.

  

 

Falta de empleos, desintegración familiar, la caída de la economía, la falta de un monitoreo y seguimiento adecuado a los migrantes que van y regresan. El abandono de las familias por salir a buscar trabajo a otros estados o países.

  

La falta de educación, un año sin clases y los centros educativos sin atención. Niñas, niños y jóvenes afectados en diferentes aspectos de su vida, sin el derecho a una buena educación y otros que abandonan los estudios para ir a trabajar, muchos afectadas y afectados por no poder interactuar con sus amigas y amigos en la escuela y lugares recreativos. Algunos jóvenes ante esta situación caen en las garras del crimen organizado.

  

 

El desinterés de parte de las instituciones del gobierno al no actuar con responsabilidad ante tantas dificultades. También se desentienden y no toman en cuenta la cultura y el respeto a las formas de vida y reglamentos de los pueblos.

  

 

Somos pueblos con una larga historia de sufrimiento y de resistencia.

 

  

Hemos aprendido de la sabiduría de nuestros antepasados a descubrir las fortalezas y dones de nuestra Madre Tierra, los conocimientos ancestrales y la capacidad organizativa de nuestras comunidades para luchar por la vida y para estar atentas y atentos a todo lo que sucede.

  

 

Buscamos permanecer ante las amenazas permanentes a nuestra libre determinación y autonomía.

  

 

Buscamos los caminos para enfrentar esta situación que es histórica. Nos organizamos y construimos caminos para la vida.

  

 

Sin embargo los problemas son cada vez más fuertes. Parece que nos quieren desaparecer; se pone cada vez más difícil y peligrosa la defensa de nuestros territorios, la defensa de la vida, del agua, de la tierra, de nuestras semillas y de nuestra cultura y dignidad.

  

Aumentan las amenazas y el hostigamiento, la vigilancia de nuestros territorios y comunidades, se fortalece la militarización y la presencia de los paramilitares.

  

Se intensifican los megaproyectos como el corredor transítsmico, el tren maya, la autopista de las culturas, San Cristóbal – Palenque.

  

No para la tala de árboles. Se siguen permitiendo el saqueo y el despojo de los bienes. Es muy preocupante observar cómo se van acabando los cerros, cómo la tierra se va erosionando. Esto no sucedería si los gobiernos estuvieran de lado de los pueblos y no defendieran a las empresas extractivistas; si el gobierno no se juntara con la delincuencia organizada y con los grupos armados que protegen el despojo y el robo. Las empresas mineras siguen operando.

 

 

 

Hay incremento de violencia, asaltos, secuestros, asesinatos, feminicidios, presos políticos, personas injustamente presas y sin atención a sus casos, agresiones armadas, personas desplazadas por la amenaza y agresión armada, falta y negación de la justicia.

  

El aumento de la violencia por grupos armados en las comunidades y la delincuencia organizada.

  

Estamos entrando a un tiempo de mayor conflictividad por la cercanía de las elecciones municipales, estatales y federales.

  

 

Nos quedamos totalmente indignadas e indignados porque siguen las agresiones armadas en Aldama, en Chalchihuitán, en Chenalh´o, en Chilón, en Tila y en otros lugares.

 

Nos preocupa la impunidad con la que actúan los distintos grupos de la delincuencia.

 

Nos preocupa la violación de los derechos de las personas y de los pueblos que se da en la gran mayoría de las instituciones, inclusive en nuestra propia iglesia y al interior de las familias.

  

 

Somos muchos los que estamos siendo afectados por esta situación, comunidades y pueblos, trabajadores de la ciudad, personas que viven en cualquier lugar del estado y del país, sin encontrar respuestas. La militarización no es una solución.

 

 

 

jTatik Samuel Ruíz García decía en el 30 Aniversario de la Pascua de Monseñor Romero: “De nada sirven los gobiernos emanados de la oposición, si no combaten a fondo esa violencia estructural que proviene de los mismos potentados económicos y de las mismas instancias gubernamentales y militares que se han perpetuado en el poder…”

 

 

 

El Papa Francisco en su carta encíclica Fratelli Tutti (FT) nos recuerda que:

  

En la parábola del Buen Samaritano (Lc 10,25-37) “se recoge un trasfondo de siglos. Poco después de la narración de la creación del mundo y del ser humano, la Biblia plantea el desafío de las relaciones entre nosotros. Caín destruye a su hermano Abel, y resuena la pregunta de Dios: «¿Dónde está tu hermano Abel?» (Gn 4,9). La respuesta es la misma que frecuentemente damos nosotros: «¿Acaso yo soy guardián de mi hermano?» (ibíd.). Al preguntar, Dios cuestiona todo tipo de determinismo o fatalismo que pretenda justificar la indiferencia como única respuesta posible. Nos habilita, por el contrario, a crear una cultura diferente que nos oriente a superar las enemistades y a cuidarnos unos a otros” (FT 57).

  

 

 

“…Los conflictos locales y el desinterés por el bien común son instrumentalizados por la economía global para imponer un modelo cultural único. Esta cultura unifica al mundo pero divide a las personas y a las naciones, porque «la sociedad cada vez más globalizada nos hace más cercanos, pero no más hermanos». Estamos más solos que nunca en este mundo masificado que hace prevalecer los intereses individuales y debilita la dimensión comunitaria de la existencia. Hay más bien mercados, donde las personas cumplen roles de consumidores o de espectadores (FT 12)

 

 

Por eso mismo se alienta también una pérdida del sentido de la historia que disgrega todavía más. Se advierte la penetración cultural de una especie de “deconstruccionismo”, donde la libertad humana pretende construirlo todo desde cero. Deja en pie únicamente la necesidad de consumir sin límites y la acentuación de muchas formas de individualismo sin contenidos. En esta línea se situaba un consejo que di a los jóvenes: «Si una persona les hace una propuesta y les dice que ignoren la historia, que no recojan la experiencia de los mayores, que desprecien todo lo pasado y que sólo miren el futuro que ella les ofrece, ¿no es una forma fácil de atraparlos con su propuesta para que solamente hagan lo que ella les dice? Esa persona los necesita vacíos, desarraigados, desconfiados de todo, para que sólo confíen en sus promesas y se sometan a sus planes. Así funcionan las ideologías de distintos colores, que destruyen —o de-construyen— todo lo que sea diferente y de ese modo pueden reinar sin oposiciones. Para esto necesitan jóvenes que desprecien la historia, que rechacen la riqueza espiritual y humana que se fue transmitiendo a lo largo de las generaciones, que ignoren todo lo que los ha precedido»” (FT 13).

  

 

Respecto al aporte de las mujeres el Papa Francisco nos recuerda que: “La Iglesia reconoce el indispensable aporte de la mujer en la sociedad, con una sensibilidad, una intuición y unas capacidades peculiares que suelen ser más propias de las mujeres que de los varones… Reconozco con gusto cómo muchas mujeres comparten responsabilidades pastorales junto con los sacerdotes, contribuyen al acompañamiento de personas, de familias o de grupos y brindan nuevos aportes a la reflexión teológica. Pero todavía es necesario ampliar los espacios para una presencia femenina más incisiva en la Iglesia. Porque « el genio femenino es necesario en todas las expresiones de la vida social…” (Evangelii Gaudium 103).

  

 

Como Pueblo Creyente tenemos que encontrar una forma de actuar que nos mantenga en la esperanza. Nuestra opción es por la vida:

 

 

 

En nuestro compromiso de construir una vida digna para todas y todos, con firmeza trabajaremos día a día en nuestra relación de respeto y armonía con nuestra Madre Tierra, donde el testimonio y la sabiduría de nuestros pueblos son nuestra fuerza.

 

 

 

Estamos firmes en nuestra fe, mantenemos nuestra esperanza en Dios y seguiremos trabajando desde los acuerdos de nuestro Tercer Sínodo Diocesano, valorando y fortaleciendo nuestra iglesia autóctona y nuestras áreas e instancias tanto en nuestras comunidades como a nivel diocesano.

  

 

Seguiremos evangelizando, haciendo oraciones, ayuno, organizándonos para manifestarnos por nuestras hermanas y hermanos que sufren desalojos, violencia, persecución, injusticias.

  

 

Promoveremos la salud alternativa, cuidaremos nuestras plantas medicinales y nos curaremos con ellas. Cuidaremos la naturaleza que nos ha dado Dios y nuestras semillas criollas, base de nuestra digna alimentación.

 

 

 

Seguiremos promoviendo una cultura fraterna, solidaria y de diálogo en nuestras comunidades, zonas, municipios para que el Reino de Dios se vaya construyendo en la búsqueda de la reconciliación y de la paz.

  

 

Ante toda situación de guerra y amenazas a nuestras comunidades, estaremos firmes en nuestra fe, denunciaremos las injusticias y seguiremos construyendo la paz y la reconciliación.

 

 

Es importante también dejar las envidias, las competencias, las amenazas y la venganza, Dios nos creó a su imagen y semejanza, por lo tanto, lo demostremos con amor y misericordia hacia nuestros hermanos y hermanas.

  

 

Construyamos juntas-juntos la justicia y la dignidad.

  

 

LA VERDAD NOS HARA LIBRES”

  

Pueblo Creyente de la Diócesis de San Cristóbal de las Casas, Chiapas

  

A 25 de enero de 2021.

  

 

Agradecemos a todas las hermanas y hermanos que en este mismo momento están celebrando en sus comunidades y parroquias.

  

 

 

 

 

NOTA: Este es un espacio abierto para pueblos y organizaciones que buscan compartir su palabra. La postura difundida, no necesariamente constituye la valoración del Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de Las Casas, A.C quien presta este servicio de comunicación.

  

 

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