De por qué escribí: “La muerte no es todavía una fiesta”


Dice José Angel Restrepo en su ensayo el homicidio como dibujo:

 

“Los archivos se visitan una y otra vez, se movilizan, se reinterpretan y nos reinterpretan a nosotros. Su proceder es idéntico al trabajo del editor o del montajista: acopio, selección, conexiones, interpretación y circulación.”

 

En una analogía, le he llamado archivo a lo que pensamos y repensamos durante el proceso de duelo que cierta estoy no termina sino hasta que quien lo padece muere también, no sólo no termina sino que se recicla cada vez que el pensamiento se vuelve repetitivo y aumenta esta angustia cuando a la violencia sufrida por el ser querido se a une la violencia institucional y la indiferencia de las mismas instituciones para con el ciudadano que queda doblemente violentado y abandonado .

 

La neurosis y angustia que se queda en el cuerpo y en la mente de quien padece una tragedia de perder a un ser querido, revuelve las tripas pero también la imaginación; moviliza, a la par, la moral y el arte; invita a la transfiguración de la crueldad en espiritualidad, como quería Nietzsche.

 

En este proceso doliente, he ido teniendo conciencia para sentirme acompañada de tantas personas solidarias, sabía que Nadia Vera es mi hija, pero no sabía que era causa y motivo, inspiración de tantos movimientos sociales y artísticos.

 

Agradezco con infinitud a los colectivos Fotoreporteros Mx, Colectivo Voz Alterna, Periodistas de a Pie, Artículo 19, Derecho a informar, Ojos de Perro, Grupo por los Derechos Humanos y La Justicia Social, Rexiste, Batucada Feminista Nadia Vera, Batucada Feminista La tremenda revoltosa, a Roel Osorio, músico, a Arbey Rivera, poeta, a la Compañìa Anubis Teatro de Andrés Campos Cruz, a la Compañía de Oscar Tapia y Lucía Olmos, Nadia Lartigue, Juan Francisco Maldonado, y a tantos bailarines, y a todos los artistas de danza, música y artes plásticas que han ofrendado su arte a la memoria de Nadia Vera. Con especial atención agradezco al Dr. Gerardo Ortiz, a los periodistas norteamericanos Scott Campbell y Cindy Mansfield, a Temoris Grecko, a mi amigo y poeta Francisco Zúñiga, a Victoria Saenz de la Editorial Segunda Vuelta, a los centros Kinal Anseltik y Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de Las Casas, nuestro querido FrayBa.

 

Como los mirmidones en torno a la tumba de Patroclo, he dado vueltas y vueltas en torno a la tumba de mi hija, como Aquiles he iniciado lamentaciones, pero al contrario de él no me han dejado poner mis manos sobre el pecho de mi niña ni puedo iniciar una venganza en contra de aquellos que le han hecho daño porque no sé quiénes son, no sé cómo son sus rostros ni quiero saberlo .Ha habido un funeral, pero no lo recuerdo, sin embargo sé que la he soñado. Como Aquiles he ofrendado mi cabellera, e invocado al viento porque como dijo su hermano: “Hermana te encuentro en el viento”. No entregué el cuerpo de mi hija al fuego, ella ha sido semilla y había que entregarla a la Tierra.

 

Que solos se quedan los muertos, ha escrito Becquer, pero yo no he querido que se quede sola, voy a estar con ella, a hablarle, a cantarle, a leer los poemas que para ella escribí, son la oración que no aprendí de niña. “Oyeme tú, donde quieras que estés, estás más vivo “ dijo J.A. Valente.

 

Estos versos que he escrito en La Muerte no es Todavía una Fiesta, no son lamento, ni lágrima, son, hilos para tejer un lienzo que envuelva su cuerpo y lo arrope amorosamente, es el libro del amor. En la medida que ustedes lean los versos, me acompañarán a tejer ese lienzo amoroso.

 

“Escribir es una forma de contribuir a preservar la memoria de los que hemos perdido.” Séneca

 

Mirtha Luz Pérez Robledo

Jovel, Chiapas, México

25 de julio de 2018

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La muerte no tendrá dominio

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